lunes, 14 de octubre de 2013

La Plata, campeón de la Copa de Bronce

En el marco del torneo Nacional de clubes desarrollado este fin de semana, el equipo femenino de La Plata Rugby Club continuó cosechando lauros. El 2013 implicó para las Canarias juntar casi 30 jugadoras, formar dos equipos para el torneo de la URBA(La Plata A fue campeón junto a GEI) y, debido al éxito, comenzar la preparación para dar el salto al rugby de 15 jugadoras, desafío que les espera en su regreso a La Plata.

Pero, mientras tanto, hicieron de las suyas en Tucumán: clasificaron terceras en su grupo, accedieron a la Copa de Bronce y, tras despachar en semis a San Isidro de Lules por 12 a 5, vencieron en la final de bronce a Alto Valle, por un contundente 17 a 5.

El trofo mayor quedó otra vez en manos de Cardenales, que venció en la final a Capri por 17-7, mientras que las decanas de Cha Roga se quedaron con la Copa de Plata.

Gran actuación Canaria en Tucumán

jueves, 10 de octubre de 2013

Arranca el Nacional

Publicado en Desde Abajo Rugby

Entre el sábado 12 y el domingo 13 de octubre, se desarrollará en Cardenales RC el Campeonato Nacional de Clubes Femenino 2013. La Comisión de Competencias y Desarrollo confirmó los equipos participantes, las zonas y el fixture del torneo.

Durante el primer día de competencias, los cuatro equipos de cada zona se enfrentarán entre ellos, de manera que queden definidos los cruces del domingo, cuando se conocerán a los campeones de la Copa de Bronce, de Plata y de Oro.

 
Cardenales, el campeón defensor.

El campeón de la URBA, GEI, integrará la Zona 1 junto a Cardenales RC (campeón defensor del Nacional), Alma Junior y Los Tordos. Las Vikignas debutarán el sábado a las 9.20 frente a Alma Junior, volverán a jugar a las 10.20 ante Cardenales y cerrarán la etapa clasificatoria desde las 12.00 enfrentando a Los Tordos.

En la Zona 3 estará el sub campeón de Buenos Aires, La Plata, con Capri, Argentino de Bahía Blanca y Nevado. Las Canarias jugarán desde las 13.20 frente a Argentino, a partir de las 15.20 ante Capri y a las 17.00 empezarán su último compromiso de la fase inicial con Nevado.

Centro Naval compartirá la Zona 4 con Cha Roga (campeón de la Copa de Plata en 2012), Seleccionado Alto Valle y Jockey Club (San Juan). Las Ñandúes chocarán en el primer partido con Jockey (13.40), en el segundo con Alto Valle (16.00) y en el tercero con Cha Roga (17.20).

Miguel Seró, Oficial Nacional de Rugby Femenino, explicó la importancia de este evento para el rugby femenino y su crecimiento: “Todo el rugby femenino del país tiene muchas expectativas por la realización del cuarto nacional de clubes. Es una oportunidad única de juntar a representantes de las ocho regiones del país a compartir y competir este fin de semana en el club Cardenales de Tucumán. Año tras año se va observando una gran evolución en todos los equipos participantes, desde el punto de vista físico y técnico, y esto se debe a que los torneos regionales son cada vez más competitivos debido al gran aumento de clubes nuevos intervinientes en los mismos”.

El año pasado, en la gran final, las locales de Cardenales vencieron 17 a 7 a Sixty de Chaco, mientras que la Copa de Plata fue para Cha Roga de Santa Fe, y la de bronce se lo quedó Católica de Salta.

Las zonas:

Zona 1: Cardenales RC, Alma Junior, Gimnasia de Ituzaingó, Los Tordos.

Zona 2: Sixty, Los Teros, Comercial, San Isidro Lules.

Zona 3: Capri, Argentino de Bahía Blanca, La Plata Rugby, Nevado.

Zona 4: Centro Naval, Cha Roga, Seleccionado Alto Valle, Jockey Club (San Juan).

lunes, 7 de octubre de 2013

La Historia de La Plata Rugby Femenino

Publicado en Hand Off Web

Continuamos presentándoles la historia de los diferentes equipos de Rugby Femenino del país. Ahora nos fuimos a la ciudad de La Plata para uno de los más nuevitos, en la siguiente nota, la emocionante historia de Las Canarias.

Lo que comenzó por ser una simple idea, en el día de hoy ya es un equipo formado que finalmente empezó a entrenar en el club que las recibió. Sin embargo, hay que tener en cuenta que para haber ingresado en La Plata Rugby Club, se necesitó del esfuerzo y la dedicación de un considerable número de personas y a la vez, de una serie de pasos que llevaron a las chicas hasta donde están hoy.

En un principio, los entrenamientos comenzaron en el Parque San Martin, 6 de Junio de 2012, con un número muy reducido de posibles jugadoras, pero con entrenadores que se empeñaban en enseñarles. Ellos eran Juan Bazan, Gaston Avendaño y la capitana Magalí Fazzi.

Así comenzaba a formarse un grupo interesado en perseguir esa meta: jugar como un verdadero equipo en el torneo de la URBA.


A medida que pasaban los entrenamientos, la cantidad de chicas interesadas iba creciendo y todas comenzaban a disfrutar de este deporte. En agosto de ese mismo año, los presentes entrenadores recibieron la gran ayuda de Daniel Brichetti y Fernando Torrijos, ambos entrenadores de La Plata Rugby Club. Los entrenamientos comenzaron a requerir más exigencia física y técnica, algo que todos tomaron con el más sincero entusiasmo.

El 13 de septiembre del mismo año, el diario Hoy publicó una nota de lo que había sido la historia de este grupo de personas hasta ese entonces. Este artículo periodístico no solo consiguió que se acercaran más mujeres que luego se comprometieron con la idea de jugar al rugby, sino que también contribuyó a expandir la historia de este futuro equipo, que llegó al alcance de muchas personas.

En los meses que siguieron, las chicas asistieron a la clínica que dieron tres jugadores de los Pumas, lo que les concedió otro artículo periodístico en el diario El Día, y por lo tanto otra oportunidad de seguir atrayendo posibles jugadoras a los entrenamientos. También participaron en el seven amistoso “Rugby en las Calles”, en donde jugaron contra otro equipo. Esto les dio la oportunidad para comenzar a hacerse una idea de lo que sería competir contra otros equipos y esto no hizo más que animarlas para seguir adelante.

Para poder cumplir con el objetivo principal, era completamente necesario pertenecer a un club, y todas estaban más que comprometidas con la idea de empezar a competir en el año próximo.

Con la perseverancia y entusiasmo de la capitana Magali Fazzi y el total apoyo de los entrenadores, finalmente se presentó al club la propuesta de que integren a un equipo femenino en sus canchas.

El viernes 26 de octubre de 2012 no fue el mejor día de esta historia, pero sí un paso importante para el equipo, Pato Roan ex jugador y miembro destacado de LPRC se reúne con Daniel, Fernando y Magalí con el objetivo de presentar un proyecto de rugby femenino formalmente ante las autoridades del club. Cuando el club las aceptó como sus integrantes, la alegría no pudo ser mayor. Después de tantos meses de entrenamiento, finalmente comenzaban a notar los frutos del esfuerzo y ya podían contar con que jugarían contra otros equipos el año siguiente.

Magalí Fazzi en un dia histórico para el Rugby Femenino de La Plata

En 1º de noviembre las chicas asistieron a su primera reunión con el club como futuras miembros. Las chicas se sintieron más que bienvenidas y una sonrisa asomaba en la cara de todas cuando pensaban que finalmente habían conseguido su meta. Se llevaron a cabo los arreglos para que comenzaran a entrenar en el año 2013 y todas se fueron con una gran satisfacción. Las expectativas de las chicas y las ganas de jugar eran inmensas pero por otro lado se encontraba el misterio, la duda y las preocupaciones con las que contaba el club, este miedo no se calló hasta que las chicas participaron el 25 de enero de 2013 del Seven Playero en Mar del Plata, en el que demostraron que ellas sin duda se habían puesto la camiseta.

En el día de la fecha, este equipo está listo para seguir adelante. El 6 de marzo comenzaron con los entrenamientos en La Plata Rugby Club, para luego participar en el torneo de la URBA. Las chicas no pueden estar más que agradecidas con todos aquellos que colaboraron para que llegue este día tan esperado.

Magalí Fazzi: “Ni siquiera pensaba que existía esta manera de entrenar”

Si hay una persona fundamental en la creación de este equipo ella es Magalí Fazzi. Oriunda de la ciudad de Tandil, jugó algunos partidos en su ciudad natal y luego pasó a Las Duquesas de Biguá de Mar del Plata, a pesar de ya estar viviendo en La Plata.

Con mucho entusiasmo y toda la garra que la caracteriza en la cancha, la “Negra” pudo finalmente cumplir su sueño y dialogamos con ella para saber más de la actualidad de Las Canarias.

“Lo del Seven de Varese nos ayudó un monton a empezar el año, unió mucho al grupo y los resultados en la cancha, no por el score sino la actitud de las chicas, hizo que avanzáramos mucho más, para empezar los entrenamientos con más ganas.”

“Cuando comenzamos a entrenar en el Club fue impresionante porque teníamos entrenador, preparador físico, coordinador de rugby femenino, dos ayudantes del Plantel Superior, Pedro Mercerat y Paco Ovejero, no lo podíamos creer, el primer día estábamos muy nerviosas, todavía shokeadas porque alguien con tanta trayectoria como Pedro Mercerat nos quisiera ayudar, pero ya al segundo día estuvieron mejor las cosas y ahora en la tercera semana ya nos acostumbramos.”

“Siempre los objetivos serán llegar entre los primeros en el torneo, acá en URBA hay muchos equipos, estar entre los 5 primeros estaría bien, pero si somos primeras mejor. Llegar al Nacional de Clubes es nuestro gran objetivo, creo que tenemos posibilidades, pero por ahora empezamos tranquilos, nuestro coordinador (Pato Roan), nos dice que aunque empecemos perdiendo lo importante es terminar ganando.”

“En Abril comenzaremos con la pretemporada fuerte y ahí jugaremos algunos amistosos antes del arranque del torneo que será para el mes de Mayo.”


“Ni siquiera pensaba que existía esta manera de entrenar, no sabía que podía haber algo tan estructurado, tan bien estudiado, todos los entrenamientos tienen un objetivo, un fin. Nunca pensé que podía llegar a entrar en un club, lo luché mucho pero parecía imposible, a veces había días que me bajoneaba y pensaba que no entraríamos, después que me dijeron que sí, que ya eramos de la familia y podíamos usar todas las instalaciones fue increíble, nunca pensé que llegaríamos a esto, un plantel de entrenadores, un preparador físico que te da tu rutina por puesto en el gimnasio, coordinador, ayudantes de primera, me imaginé que nos darían un entrenador, un par de conos y una pelota.”

“Creo que si Javi (Antivero) pudo hacer lo que hizo con las chicas de Las Duquesas, que en 6 meses se notó un cambio impresionante, me parece que nosotras con estos entrenadores que saben tanto podemos avanzar de esa manera, tenemos las posibilidades para cambiar de un año para el otro el juego, el ritmo, todo, como hicieorn las chicas de Biguá. De a poco ya se van notando los cambios aunque hace solo un mes que entrenamos.”

sábado, 5 de octubre de 2013

Unas chicas enamoradas de la ovalada

Publicado en Diagonales


Universitario de La Plata tiene algo más por lo que enorgullecerse: es el único club de rugby de la ciudad de La Plata que cuenta con un equipo de rugby femenino. Desde hace un mes, un grupo de mujeres rugbiers se entrenan y sueñan con sumarse el próximo año al torneo que organiza la Unión de Rugby de Buenos Aires.
¿Mujeres rugbiers? Sí. Si bien en la ciudad ya hubo antecedentes, la iniciativa que llevó adelante Soledad Caracoch es un sueño propio hecho realidad. “Esto estaba en mi cabeza desde que conocí el rugby”, dice.
Soledad es de Lobos, se recibió de profesora de educación física en la UNLP y entró al club hace tres años para entrenar a las infantiles de la U; mientras, se fue capacitando a través de diferentes cursos de la URBA. Y decidió presentarle un proyecto a la Subcomisión de Rugby albinegra para conformar un equipo femenino; y se lo aprobaron. Desde ese momento, comenzó la búsqueda de chicas a través de la red social Facebook y encontró eco: la “idea era ver qué pasaba” y en la primera clase se presentaron 16 chicas.
Y hoy, a poco más de un mes, ya sumaron casi 30 jugadoras, de las cuales sólo dos tenían conocimientos previos. “La principal duda cuando arrancaban era saber qué íbamos a hacer, si nos íbamos a golpear o no”, cuenta. Ella había arrancado como entrenadora, pero al poco tiempo que no podía cumplir ese rol y el de jugadora a la vez; por eso, decidió dar un paso al costado y Emiliano Cruz Manganielli es quien se hizo cargo, con la ayuda de ella y otra profe, Stefanía Añahual.
“Es difícil dominar un grupo de mujeres, y sobre todo cuando sos mujer”, reconoce Soledad. Y dice no haber sentido ninguna situación de discriminación en el club de Gonnet: “Siempre nos dieron su apoyo, lo que sí quizás pasa es que te miran raro cuando decís que sos entrenadora. Pero ahora hay muchas entrenadoras en el país, y me encanta. Y además, los entrenadores hombres vienen más abiertos”.
El rugby es conocido socialmente como un deporte masculino, de hombres que se golpean, andan juntos para todos lados y toman cerveza. Como todo preconcepto, tiene algo de realidad y otro de generalización, del que de todos modos, Soledad elige escapar: “Somos rugby femenino, no somos ningún ´Carlitos´, nos comportamos como mujeres”.
Cuando tiene que marcar un objetivo próximo, ella lo tiene muy claro: “Es juntar gente y sumarse a la URBA el año que viene a la categoría Desarrollo, después a Campeonato”.
Antes de finalizar la nota y terminar con el entrenamiento para ir a disfrutar de un tercer tiempo de pizzas con el resto de las chicas en el quincho, Soledad deja un concepto: “Conozco los valores que se manejan en el rugby, y en el club. Esto es para jugar y venir a divertirse”.



viernes, 4 de octubre de 2013

La lucha de las mujeres rugbiers en Argentina

Publicado en Perfil

El primer partido de rugby entre mujeres se jugó hace 25 años. El primer equipo femenino se formó hace 15. Apenas menos de un año tiene el primer torneo oficial en donde chicas de todo el país se enfrentan en la modalidad seven. “El rugby es un deporte de bárbaros, jugado por caballeros”, dijo alguna vez Winston Churchill. En algo se equivocó: el rugby también puede ser jugado por mujeres que, contra todas las barreras y los prejuicios, lograron hacerse un lugar.

Primer partido. “El primer dato que se tiene sobre rugby femenino en el país data de hace 25 años. Lo jugaron chicas de G.E.I (Gimnasia y Esgrima de Ituzaingó) con un equipo de Alumni que estaba básicamente integrado por novias, mujeres y hermanas de jugadores”, rapasa Cecilia Di Costanzo, jugadora del equipo de Centro Naval y autora del blog On Side, Rugby X Mujeres.

La idea del encuentro, que incluso fue reflejado en ese entonces por el diario La Nación, se le ocurrió a Rodolfo Pichi Ruffo: se enteró de la existencia de un equipo de chicas que entrenaba en Alumni a través de una revista, juntó a tres de sus cuatro hijas, les pidió que armen un equipo para enfrentarlas y, pruebas mediante, organizó el partido, que se jugó el 25 de noviembre de 1985 en la cancha del G.E.I.

El impulso del rugby femenino duró poco. Según repasa una nota de la revista Un Caño, a Ruffo le ofrecieron “hacer negocios” con las chicas y comenzó a correr el rumor que la UAR iba a tomar represalias con el equipo de hombres. Lo que Ruffo no pudo hacer, entonces, lo retomaron 15 años después las chicas que soñaban con un lugar dentro del rugby.

Hay equipo. “Después del primer partido no pasó nada más hasta 1996, año en que se forma Cha Roga, el equipo más antiguo del país, en la ciudad de Santo Tomé, Santa Fe”, repasa Di Costanzo. Luego de muchos años de lucha, las chicas consiguieron un espacio: practicaban en el club y jugaban con los equipos que los hombres ya no usaban.

Según recuerda en una nota del blog On Side, el vicepresidente del club, Norberto Carosso, el equipo se formó a mediados de los ’90 con un rugbier mendocino como entrenador, aunque sin la posibilidad de competir. Luego de años de deambular sin poder jugar de forma oficial, “la UAR se decidió por la imposición de la IRB a darle un mayor desarrollo a la actividad y así la Unión Santafesina abrió también las puertas al Rugby Femenino de Cha Roga”.

“Eran equipos sustentados por las mismas jugadoras. Tenías el lugar para entrenar y las camisetas, que eran a lo mejor las que no usaban los varones. Pero no es que el club decía ‘Uh, chicas, qué bueno que están acá’”, recuerda Cecilia. “No había torneos, había que viajar al Chaco para jugar, los juegos se hacían una vez al año en algunas ocasiones dos o tres, nunca hubo un torneo oficial, ni competencia oficial ni mucho menos”, agrega.

El torneo y un favor olímpico. El deseo de las chicas de poder competir en forma oficial se cumplió gracias a una ayuda de la IRB, el organismo que gobierna las federaciones de rugby a nivel internacional. “A partir de 2005 la UAR empieza con el tema de rugby femenino y todo esto es impulsado IRB, que quería que el rugby volviera a ser una disciplina olímpica, para lo cual es necesario que se juege tanto por varones como por mujeres”, explica.

Miguel Seró, DT de Las Pumas, coincide con el empuje de la IRB: “De ahí también la importancia que la UAR le empezó a dar al rugby femenino. Al ser deporte olímpico ya cambia completamente toda la visión, sin dudas”, analiza. El sueño de un torneo se hizo realidad, entonces, el año pasado, cuando la UAR agilizó los trámites: se dividió al país por regiones, tal como sucede con el torneo masculino, y se organizó el Torneo Oficial de Rugby Femenino.

Prejuicios. Si el camino recorrido para lograr un torneo oficial fue difícil, las chicas que quieren jugar al rugby se encontraron además con una resistencia aún mayor: la mirada del otro. “Hay mucha resistencia sociocultural, y la primera en tener dificultades para aceptar que una mujer juegue al rugby es la mujer. Yo no creo que ninguna mujer, salvo que sea jugadora, le diga a su hija que en vez de hacer hockey haga rugby”, confía Cecilia.

Además, practicar un juego que tradicionalmente ha sido de varones dispara falsas conjeturas, explica la jugadora. “Con las chicas hace poco pensábamos que es como si fuéramos marginales. ‘¡Mirá, juega rugby!”, dicen. Además, una se cansa ya de esa costumbre no sé si argentina o qué pero es como que vos elegís un deporte y tenés que justificar tu preferencia sexual, o aclarar cuál es. Esta todo muy mezclado”.

En la búsqueda de una respuesta al porqué choca tanto ver a una mujer haciendo mauls, tacles, scrums o tirándose al pasto para anotar un try Cecilia explica que se trata de la consecuencia de una interpretación errónea. “Es un deporte asociado al hombre, un juego de contacto que se malentiende como violento. Desarrollando la técnica evitás la violencia”, asegura.

“Yo creo que la rudeza hace que se lo resista más. En definitiva es el contacto. La actitud del tacle, es como que tenés que ser más ruda, y la mujer no puede ser ruda, tiene que ser fina y delicada. Que no quiere decir que afuera de la cancha no lo sea. Si nos cruzás en la calle de lo menos que te das cuenta es que somos rugbiers”, dice Cecilia.

Construir un futuro. Para que el rugby femenino siga creciendo, es necesario que tanto la UAR como la URBA y los mismos clubes sigan trabajando en el desarrollo y la difusión de la disciplina. “Yo creo que uno de los pasos fundamentales que habría que dar es que el rugby infantil comience a ser mixto como es en todos lados en el mundo.Que hasta los 11 años los nenes y las nenas aprendan juntos”, comenta Cecilia, y agrega: “Otra cosa que podría ayudar es los clubes más tradicionalistas que están en URBA, los que ves en el Top 14, los que tienen a los mejores jugadores, empiecen a trabajar también en el rugby femenino”.

“Primero, el dar a conocer que el juego existe, que se juega por mujeres. Después empezar a trabajar: que se incorporen en las infantiles, pero necesitamos que se vea y que se sepa, porque el papá se tiene que enterar que su hija puede practicar rugby femenino si quiere y que no es rara porque lo quiere practicar, rara en todos los sentidos. Es un deporte más, como cualquier otro”, explica.

jueves, 3 de octubre de 2013

Con la ayuda de los demás, todo es posible






El rugby femenino es una disciplina sin dudas emergente que involucra la novedad de ver a la mujer practicando un deporte que rompe, a todas luces, con la idea lo femenino.

En principio no fue fácil ver a una mujer practicando rugby, ya que como todos sabemos es tradicionalmente un deporte de caballeros, practicado por hombres y que por historia es disputado por personas fuertes y de abultada contextura física. Pero la iniciativa de un grupo de chicas, seguido por la exigencia de precisar de un club que las abale para competir, hizo que dos clubes en la ciudad de La Plata puedan hoy en día contar con equipos de rugby femenino compitiendo en los grandes torneos del país.

La bienvenida de las mujeres en los clubes fue agridulce: es verdad que los prejuicios de ver una mujer jugando rugby fueron los protagonistas en esta etapa de adaptación, pero también que ellas recibieron importante, y necesario, apoyo por parte de las instituciones y de los jugadores hombres.

Clubes del interior del país fueron los primeros en brindar esta posibilidad a las mujeres fanáticas del rugby. Córdoba Rugby Club fue el primer club del país en hacerle lugar a la mujer en la disciplina allá por el año 2008.

Desde aquel momento a la actualidad las cosas han ido cambiando y el deporte es una realidad en nuestro país: cada vez son más las mujeres y los clubes que abren sus puertas. La práctica no varía mucho en cuanto al practicado por los hombres y a la hora de verlas en acción los prejuicios quedan de lado. Las mujeres que se animan a la disciplina son consientes de que es un deporte de contacto, que pueden ser golpeadas y en el que deben golpear, y es por eso mismo que se preparan de igual manera que los hombres.

La ciudad de La Plata cuenta con dos equipos de rugby femenino, ellos son Universitario y La Plata Rugby Club, ambos desde hace poco más de un año reciben chicas interesadas en practicar este deporte y llevan adelante un proyecto que pensado hace años atrás resultaba imposible. Hoy es real, las chicas tienen su lugar en los clubes platenses y son bien recibidas. Es verdad que en principio fue una complicación, días en que los pasillos del club eran transitados constantemente por hombres solamente; hoy, las mujeres también se pasean por ahí y hasta se deben tomar recaudos para que ciertas "comodidades" propias de un ámbito puramente masculino no se continúen replicando: lo cual conllevó un proceso de adaptación.

La realidad indica que los clubes abrieron sus puertas a esta nueva disciplina y que las mujeres toman dicho proyecto con gran compromiso y así lo llevan adelante. La relación entre jugadores y jugadoras es de ida y vuelta, colaborando ellos en los entrenamientos de ellas, compartiendo terceros tiempos y alentándose mutuamente en los partidos.

Desde el año 2007 la disciplina cuenta con un seleccionado nacional conocido como “Las Pumas” y muchas de estas chicas sueñan con ser parte de este. Como todo en el deporte, es un proceso y así ellas lo entienden, y la participación en el seleccionado también es una de esos objetivos a largo plazo. Cada uno de los clubes prepara a sus chicas para competir de la mejor manera en los torneos que se disputan en el país, pero sin perder de vista que un seleccionado de la disciplina esta a la espera de nuevas promesas.

El rugby femenino es uno de esos deportes que rompe con la idea de que todo ya está dicho, con la idea de que los deportes de hombres son unos y los de mujeres son otros, con ese prejuicio de que la mujer está destinada a ser estéticamente de una manera y el hombre de otra. Sin dudas es meritorio lo realizado por cada uno de los clubes que día a día lucha por seguir con este proyecto a delante y que busca horizontes futuros, pero más meritorio aun es lo hecho por las primeras mujeres que se animaron a jugar al rugby y de alguna manera contagiaron y abrieron los ojos de muchas otras que finalmente se sumaron. Es una buena manera de romper con la hegemonía que se plantea en varios aspectos deportivos.

Los deportes emergentes son un claro ejemplo de que no todo está dado, de que siempre pueden surgir cosas nuevas y que con la ayuda de los demás, todo es posible.



miércoles, 2 de octubre de 2013

Rugby femenino: El hallazgo de la manada, la dicha de la pertenencia

Por Girlandrey Sandoval Acosta

(…) mis experiencias personales, que a la vez fueron
compartidas con otras jugadoras de rugby,
han contribuido de forma especial a desarrollar mi feminidad,
una feminidad que, por supuesto,
escapa a las definiciones dicotómicas de género.
Si socialmente el rugby es visto como un deporte masculino,
personalmente el rugby me ha ayudado
a no negar mi cuerpo femenino y a apreciar el partir de mi
cuando me relaciono con otras jugadoras.
Monserrat Martín Horcajo,
Contribución del feminismo de la diferencia sexual
a los análisis de género en el deporte.

El Hallazgo

Yo pensé que la vida era solo color de rosa hasta que llegué al rugby. Luego de un primer entreno en la cancha 3 del reconocido Centro Deportivo Universitario –CDU- de la Universidad del Valle me di cuenta que podía ser rojo pasión, además del “verde que te quiero verde” que llevo en la sangre.

El deporte ha sido una constante familiar. Mi padre, Néstor Rafael Sandoval Villa, segunda generación de campesinos migrantes de Soledad, Atlántico, se encargó de zambullirme en aquella corriente de amor por el deporte. Como algunas de las compañeras del Club Máratas, (equipo de rugby femenino maravilla
en el que juego hace dos años), llegué al rugby por otra mujer, una colega de profesión que pegó en la facultad donde estudié, la publicidad de un pequeño cartel que contenía las imágenes de diferentes dibujos animados femeninos y que decía: “No importa si eres grande o bajita, si eres delgada o acuerpada, no importa tu ocupación y mucho menos tu edad. El rugby es un deporte para todas”. Me atrevería a decir que prácticamente por ese lema y por las imágenes de la Nana del Conde Pátula, Robotina de los Supersónicos, Mafalda de Quinno, Angelica de Aventuras en Pañales y Marge Simpson llegué al rugby. 

Recuerdo como si hubiera sido ayer cuando jugué mi primer partido. Por múltiples ocupaciones sólo pude jugar un partido de verdad, hasta un año después de haber comenzado a entrenar, y de leer y llenarme de puro rugby hasta el último poro de mi cuerpo. Fue en un torneo realizado en la ciudad de Pereira en 2011. Entré a la cancha con todos los temores de quien se enfrenta por primera vez en una competencia deportiva, temblaba cada parte de mi cuerpo, y mi mente se encontraba obnubilada de tanta adrenalina. Jugábamos Sevens, una de las modalidades del rugby donde se enfrentan por 14 minutos, dos equipos de 7 jugadoras cada uno. Es exigente, todas las jugadas son rápidas, hay que ser fuertes y agiles, y el apoyo del equipo es fundamental. 

Cualquier cosa puede suceder en el momento menos inesperado. Justo cuando jugaba mi segundo partido en aquel torneo, sufrí una lesión en la rodilla izquierda luego de un tackle sorpresivo por la espalda que me dejó por fuera de la competencia. No pude continuar en la fiesta del rugby femenino, pero este partido le dejó a mi equipo la medalla de bronce, un tercer tiempo1 de mucha cerveza y música para bailar, y a mi, un jugador de rugby que me declaró su amor.

La Historia

El rugby femenino en Cali lleva más de diez años resonando en diferentes canchas de la ciudad. En 2011, uno de los primeros equipos, “las Máratas”, cumplió 8 años de fundación. Actualmente existen también otros equipos como las “Buziracas”, “Amapolas”, “Valquirias” y “Pandoras”. Aunque la explosión del rugby femenino es reciente, éste ha tomado la fuerza suficiente para hacerse visible y generar varias reflexiones al respecto. Una de ellas, está atravesada por el ser mujer y practicar un deporte, que para el imaginario común de la villa caleña, es violento y agresivo y pone en cuestión la identidad femenina de quienes lo practicamos.

Las primeras mujeres en jugar rugby lo hacían a escondidas. Colegios ingleses ofrecían el deporte solo en su modalidad masculina y las mujeres empezarían tiempo después a jugarlo en las universidades.2 Para Montserrat Martín, es interesante pensar cómo estas mujeres ingresaron al rugby por motivos ligados a un periodo de intensas reivindicaciones políticas y sociales impulsadas en las universidades europeas a principios de los años 70 por movimientos radicales a favor de los derechos humanos y la igualdad para las mujeres. En abril de 1995 se juega en Colombia el primer partido de rugby femenino. En la idea de ensayar una línea reivindicativa, la práctica del rugby femenino se nos antoja como un espacio para reflexionar acerca de la feminidad y las transformaciones del cuerpo femenino que atraviesan la práctica de este deporte. 

Como un eco de las voces de quienes jugamos rugby, retomo las interpretaciones de mis compañeras, en la idea de explorar algunos de sus pensamientos y de las sensaciones que atraviesan la experiencia de estar en la cancha: “Cuando la pelota sale disparada por la patada a mitad de cancha lo primero que siento es una explosión de adrenalina, luego sólo me concentro en obtenerla, si lo logro sólo pienso en avanzar cuanto sea posible, los latidos de mi corazón van en aumento cada vez más, mi temperatura corporal sube en cuestión de poco tiempo, siento la sangre concentrada en mi cabeza, si me caigo, me golpeo, no lo siento, pues sólo estoy pensando en que mi equipo no pierda la posesión de la pelota; luego viene la oportunidad de anotar, me siento “intackleable”, mi mente me repite desesperada: ¡CORRE! ¡CORRE! ¡CORRE!, mis oídos sólo escuchan la respiración entrecortada, no hay tiempo de mirar hacia atrás, así que prefiero pensar que por lo menos hay dos compañeras que me apoyan, una indeseada mano roza mi espalda y siento que me desgarra el alma, mi corazón deja de latir por un segundo y sin saber cómo aumento la velocidad, ahora soy inalcanzable, cruzo la línea in goal y anoto…vuelvo a respirar, a escuchar, a ver, a vivir.” Annie Rodríguez.

Cuerpos que importan

Cuando jugamos rugby, contenemos una serie de emociones y pensamientos que solo podría entender quien se entrega a un partido de Sevens o alguna otra modalidad. No interesa universalizar aquello que significa el rugby para nosotras, no obstante, las rugbiers transformamos nuestras vidas en medio de los entrenos, en medio de la cancha, los partidos, los triunfos, las derrotas y el tercer tiempo. Varias de mis compañeras  relatan que juegan rugby principalmente porque es un deporte que no excluye por el físico. Tal como explicaba el lema de la publicidad por la que varias ingresamos a las Máratas, en el rugby todos los cuerpos importan. Cada una es parte integrante de la totalidad que conforma el equipo y la variedad de cuerpos se vuelve un asunto de vida o muerte. Son necesarios cuerpos femeninos voluptuosos en la delantera, cuerpos talla media en el centro y cuerpos pequeños y ágiles en la línea. Así conozco a mi equipo, así siento la confianza para jugar, para correr, para entrar al apoyo y para anotar. Con este tackle a las exclusiones deportivas que seleccionan los cuerpos que importan y los que no, nosotras ingresamos con la certeza de integrarnos a un engranaje colectivo que necesita de cada una de sus figuras para lograr su cometido: los trys.

Pues bien, a esto se suman valores que se relacionan con la libertad, la colectividad y la confianza. Una vez en una reunión de integración de las Máratas, hicimos autoconciencia sobre el rugby. Allí varias compañeras comentaron que era el único espacio donde compartían con otras mujeres, donde tenían amigas, y que esto sucedía gracias al equipo y a la forma en que se juega. La dinámica interna del rugby, obliga por si mismo a que se genere una “común-unidad” al momento de practicarlo y crear estrategias de juego. El hecho de tener que hacer pases del balón diagonales hacia atrás, apoyar constantemente y cuidar el balón a toda costa genera un trabajo en equipo coordinado, que propone el re-conocimiento de la compañera de equipo y motiva la confianza total. Sucede que siempre alguien estará allí para vos en caso de un tackle, de un ruck, una maul o luego de un scrum para protegerte y recibir el balón3 . Además, como decía una vez la entrenadora de Máratas, Carolina López, hay que jugar a lo que la compañera juegue. No hay tiempo para regaños, correcciones ni desaprobaciones. De modo que el rugby femenino lleva a disfrutar el estar entre mujeres, a creer y confiar en las compañeras, y lo más importante, es que al conocer y comprender las formas en las que cada una juega se evidencian relaciones que crean conocimiento femenino y respetan genealogías individuales.

Monserrat Martin afirma que “las relaciones entre mujeres en el mundo del rugby son clave para dar sentido y valor propio a las experiencias que las jugadoras vivimos dentro y fuera del campo de rugby”.4 De esta manera sería posible que la normatividad sobre los cuerpos, sus formas de relacionarse con el mismo y con otras mujeres en medio del deporte puedan impactar sus vidas cotidianas, alcanzando a transformar la identidad femenina y las formas de ser mujer que solemos “actuar” en la vida diaria. Dos compañeras Máratas comentan un par de rasgos de las ideologías de género emergentes en la práctica del rugby: “En mi opinión muchas mujeres deberían salir de esa burbujita en la que debes comportarte de “cierta” manera para encajar y que los demás piensen que tu comportamiento es aceptable y perteneces. Además el rugby es un deporte que requiere de ciertas habilidades que en el desarrollo de tu vida personal y profesional son aplicables y te ayudan a buscar y encontrar soluciones prácticas." Julie Pauline Mina. 

“Pues somos diferentes porque rompemos las convenciones discriminatorias contra el género, porque no aceptamos la feminidad y la mujer convencional que los hombres desean: “débil, delgada y sometida”, porque somos mujeres verdaderas de carne y hueso, con sentimientos contrarios a los que “debemos” sentir, con pensamientos e ideas que pueden cambiar el mundo, y con mucho valor para obtener un balón y mucha otras cosas más”. Ifalia Argrios.

El rugby femenino propone una resistencia al ideal de cuerpo femenino y de feminidad exigida a las mujeres. Esto es comprobable en la medida en que las rugbiers superan la dicotomía de género imperante en la sociedad actual, con fluidez y multiplicidad en la cancha de juego. Varias mujeres que juegan rugby suelen contar que no se sienten “machonas” ni “hombres” cuando expresan la pasión en un partido. La agresión se
reemplaza por pasión y respeto. Sabemos que cuando entramos a una cancha debemos jugar con seguridad, pensando primero en cuidarnos nosotras mismas y respetando al máximo el cuerpo de la rival, quien amablemente ha prestado su cuerpo, como diría una amiga Buziraca, para que puedas competir y divertirte.
En definitiva, las mujeres que jugamos rugby identificamos un cuerpo sexuado en femenino diverso y variable. Un cuerpo en formación que está sujeto a cambios, permanencias, irreverencias y libertad. Creo que todas sentimos el hallazgo de una comunidad de mujeres que nos recibe con agrado y por ende, se ocasiona la dicha de la pertenencia a una práctica deportiva que va creciendo y re-definiéndose cada vez que mujeres distintas ingresan a los equipos o crean otros para incrementar la competencia y enriquecer la familia del rugby caleño. De modo que frente a las emociones fuertes generadas por este deporte tan controversial, cerramos junto con Annie Rodríguez, quien nos transmite la sensación profunda que subyace mantenerse en el rugby femenino, pese a las vicisitudes:

"El partido ya se va terminar – al final, mi día terminó con unos cuantos silbidos y aplausos por parte de los espectadores al verme salir aferrada a la espalda de mi padre con un fuerte dolor en el tobillo (lo que terminó siendo un esguince grado 2) pero con la frente en alto; sobre todo aún recuerdo a alguna de las chicas preguntándome: ¿Anny vas a volver? A lo que le respondí: ¡Sí!"

martes, 1 de octubre de 2013

Las Guinderas (manifiesto)

Ni machonas ni feas ni dementes. Jugadoras de rugby.

En el rugby hay lugar para todas. Grandotas, flaquitas, jóvenes, menos jóvenes, atletas y muchachas con un historial de sedentarismo. Todas pueden jugar: la única condición es dejar el alma por el de al lado. El rugby es un deporte que se gana, necesariamente, entre todos: una gran cofradía destinada a la protección mutua, a forjar hermandades a los tackles.

Va a doler. Va a costar. Y sí, te miran raro. Nadie dijo que fuera fácil, pero vale la pena: vale la pena desafiarse, explorar más allá de lo conocido. Cuando te das cuenta de cuánto vale la pena, el dolor de un tackle que te agarra desacomodado empieza hasta a tener un gustito especial: encontrás un éxtasis en cada entrenamiento, en cada choque, en cada scrum, en cada maul, que es el éxtasis de acercarse al potencial de cada uno, de no quedarse sentadas en casa poniendo etiquetas a los demás, diciendo que aquella es machona, que aquella es fea, que aquella está loca.


Y, en definitiva, si lo aquí expuesto huele a macho, parece feo, antiestético, poco delicado: si parecemos locas... y bueno, eso, ¿a quién le importa? Loco, imposible, feo: es lo que dicen los demás sobre las cosas que no se animan a hacer. No dejes que te limiten a vos también.