Para ellas no es un problema importante, es más, ni siquiera lo cuentan como algo que les impide seguir adelante. La no existencia de un mercado textil de rugby femenino en Argentina da muestras de la poca importancia que recibe este deporte que se sigue considerando nuevo, pero a pesar de que no sea un grave problema para las mujeres asiduas a la práctica, sí representa una dificultad, no sólo para el juego, sino también simbólica, ya que de alguna manera siguen siendo excluidas en este ámbito.
Problemas con la industria textil femenina hubo y habrá en todos los tiempos, como por ejemplo la siempre existente falta de oferta de talles grandes en indumentaria y hasta en calzado, reduciendo las posibilidades de variedad para las mujeres de porte grande a la hora de satisfacer sus necesidades de indumentaria por no cumplir a rajatabla con los estereotipos fijados por la sociedad (flacas y con pie “chico”). En el deporte ocurre lo mismo, siempre ligado a la mujer con la idea de mantener un cierto estereotipo de belleza, basado en la higiene, o en la construcción de un tipo de cuerpo esperado por la sociedad, uno bello, estilizado y no demasiado trabajado (ver entrevista Marta Antúnez en este mismo blog).
En ese sentido el mercado textil funciona de esa misma manera: al romper las mujeres que juegan al rugby con la lógica hegemónica y se insertan en un mundo totalmente masculino, les cuesta recibir el respaldo o apoyo de las diferentes instituciones que rodean la práctica, como lo son en gran medida los medios de comunicación y el mercado de indumentaria en Argentina. Cuestiones que van desencadenándose mutuamente ya que si las rugbiers no alcanzan la visibilidad necesaria como para populizarse, en sentido de atributo de visibilidad, tampoco se desarrollará un mercado, que busca ganancias y apostará sólo a lo redituable.
La contracara de esta moneda es el mercado desarrollado alrededor del hockey en nuestro país. Los triunfos del seleccionado argentino de hockey llamado Las Leonas las llevaron a la cúspide del deporte nacional. Pero el hockey fue ligado históricamente a la mujer, creado por las elites inglesas como práctica pensada para el entretenimiento femenino, motivo por el cual la gran oferta de productos ligados al hockey para la mujer en la Argentina está bien asentado. Una práctica que no tuvo que luchar contra la resistencia de las representaciones sociales hegemónicas con las que sí tienen que lidiar las rugbiers.
¿La solución que encontraron las jóvenes? Restarle importancia a todos los inconvenientes por los que tuvieron y tienen que pasar, siempre yendo para adelante con la frente bien alta. Muchas de ellas como por ejemplo las de La Plata Rugby Club de la ciudad de La Plata comenzaron en un principio a usar los equipamientos prestados por los hombres del club, pero más adelante compraron los talles “niño” que el mercado del rugby masculino les ofreció. Otras al querer diferenciarse y hacer más femenina la indumentaria le designan el trabajo a talleres textiles especiales, o compran por internet desde Europa, un continente donde el rugby femenino está más asentado.
¡Pero a no deprimirse mujeres rugbiers! La posibilidad de la existencia de un mercado desarrollado será consecuente al avance y arraigo de la práctica, lo que es posible que suceda en poco tiempo, ya que el rugby femenino crece a pasos agigantados en las ciudades del interior del país y también en Buenos Aires, donde la URBA (Unión de Rugby de Buenos Aires) ya cuenta con más de 17 equipos participando del top 14.
Las esperanzas son lo último que se pierde, sobre todo para estas mujeres que se enfrentaron contra todo: la familia, el machismo, las propias mujeres, la sociedad. La respuesta de ellas es seguir jugando. Seguir cosechando triunfos materiales y simbólicos, demostrar que el rugby femenino es un deporte más como cualquier otro, aunque tal vez más inclusivo aún por su carácter de emergente, demostrar que pase lo que pase, ellas seguirán adelante, con la frente en alto, tacleando prejuicios.




