miércoles, 20 de noviembre de 2013

Resistencias de mercado: otro obstáculo que superar



Para ellas no es un problema importante, es más, ni siquiera lo cuentan como algo que les impide seguir adelante. La no existencia de un mercado textil de rugby femenino en Argentina da muestras de la poca importancia que recibe este deporte que se sigue considerando nuevo, pero a pesar de que no sea un grave problema para las mujeres asiduas a la práctica, sí representa una dificultad, no sólo para el juego, sino también simbólica, ya que de alguna manera siguen siendo excluidas en este ámbito.

Problemas con la industria textil femenina hubo y habrá en todos los tiempos, como por ejemplo la siempre existente falta de oferta de talles grandes en indumentaria y hasta en calzado, reduciendo las posibilidades de variedad para las mujeres de porte grande a la hora de satisfacer sus necesidades de indumentaria por no cumplir a rajatabla con los estereotipos fijados por la sociedad (flacas y con pie “chico”). En el deporte ocurre lo mismo, siempre ligado a la mujer con la idea de mantener un cierto estereotipo de belleza, basado en la higiene, o en la construcción de un tipo de cuerpo esperado por la sociedad, uno bello, estilizado y no demasiado trabajado (ver entrevista Marta Antúnez en este mismo blog).

En ese sentido el mercado textil funciona de esa misma manera: al romper las mujeres que juegan al rugby con la lógica hegemónica y se insertan en un mundo totalmente masculino, les cuesta recibir el respaldo o apoyo de las diferentes instituciones que rodean la práctica, como lo son en gran medida los medios de comunicación y el mercado de indumentaria en Argentina. Cuestiones que van desencadenándose mutuamente ya que si las rugbiers no alcanzan la visibilidad necesaria como para populizarse, en sentido de atributo de visibilidad, tampoco se desarrollará un mercado, que busca ganancias y apostará sólo a lo redituable.

La contracara de esta moneda es el mercado desarrollado alrededor del hockey en nuestro país. Los triunfos del seleccionado argentino de hockey llamado Las Leonas las llevaron a la cúspide del deporte nacional. Pero el hockey fue ligado históricamente a la mujer, creado por las elites inglesas como práctica pensada para el entretenimiento femenino, motivo por el cual la gran oferta de productos ligados al hockey para la mujer en la Argentina está bien asentado. Una práctica que no tuvo que luchar contra la resistencia de las representaciones sociales hegemónicas con las que sí tienen que lidiar las rugbiers.

¿La solución que encontraron las jóvenes? Restarle importancia a todos los inconvenientes por los que tuvieron y tienen que pasar, siempre yendo para adelante con la frente bien alta. Muchas de ellas como por ejemplo las de La Plata Rugby Club de la ciudad de La Plata comenzaron en un principio a usar los equipamientos prestados por los hombres del club, pero más adelante compraron los talles “niño” que el mercado del rugby masculino les ofreció. Otras al querer diferenciarse y hacer más femenina la indumentaria le designan el trabajo a talleres textiles especiales, o compran por internet desde Europa, un continente donde el rugby femenino está más asentado.

¡Pero a no deprimirse mujeres rugbiers! La posibilidad de la existencia de un mercado desarrollado será consecuente al avance y arraigo de la práctica, lo que es posible que suceda en poco tiempo, ya que el rugby femenino crece a pasos agigantados en las ciudades del interior del país y también en Buenos Aires, donde la URBA (Unión de Rugby de Buenos Aires) ya cuenta con más de 17 equipos participando del top 14.

Las esperanzas son lo último que se pierde, sobre todo para estas mujeres que se enfrentaron contra todo: la familia, el machismo, las propias mujeres, la sociedad. La respuesta de ellas es seguir jugando. Seguir cosechando triunfos materiales y simbólicos, demostrar que el rugby femenino es un deporte más como cualquier otro, aunque tal vez más inclusivo aún por su carácter de emergente, demostrar que pase lo que pase, ellas seguirán adelante, con la frente en alto, tacleando prejuicios.




jueves, 14 de noviembre de 2013

Cofradía de Amazonas: las pioneras del rugby femenino en La Plata






Cae la noche en el predio de la colonia municipal, en 122 y 56, los márgenes de una ciudad estructurada matemáticamente, un perfecto cuadrado atravesado por líneas rectas. Allí, en las afueras de la cuadrícula y en los límites del día, un puñado de muchachas se pasa una pelota ovalada en la penumbra. Victoria Venere tiene entonces, en el año 2002, 25 abriles: y se acerca a charlar con la nube de deportistas con el objetivo de completar un trabajo para la facultad.

Enseguida se enamora.

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Quienes juegan son las Amazonas, el primer equipo de rugby femenino que existiera en la ciudad de La Plata, y que pronto contaría con Venere entre sus líneas. No tenía nada que temer: allí todas eran absolutamente novatas, como ella, y como la mayoría de sus rivales. La única que sabía algo de rugby en Amazonas era Selene Barboni: tenía entonces 19 años, y había vivido su adolescencia en Brasil, donde el deporte se practica más abiertamente. Allí, despuntó el vicio en el San José, club de San Pablo. Debía ser la jugadora más experimentada del país: el equipo argentino más añejo, Cha Roga, tenía entonces apenas 3 años. Los torneos eran informales y esporádicos, a veces de seven y a veces de XV. En el interior había algo más de arraigo, pero en el centro neurálgico del país la tradición era fuerte y a las Amazonas las miraban perplejos.

No se trataba de un grupo de locas. La mayoría eran, simplemente, estudiantes jóvenes con ganas de nuevos sabores: Victoria Meroni tiene la misma edad que su tocaya y ha sido un animal de agua hasta ese año, practicando snowboard, vela y surf en la era preglobal de los deportes náuticos; Solange Cotsali siempre quiso hacer rugby, y finalmente encontró su lugar. Pero incluso hay lugar en el grupo para chicas no tan intrépidas: a Valeria López le sugirió jugar al rugby su psicóloga, como un modo de superar sus problemas de comunicación. Los desinhibidos terceros tiempos femeninos, donde hay bailongo y carnaval, sin dudas sirvieron a ese propósito.

Muchas jugadoras, en realidad, siguieron jugando en Amazonas más que por el rugby, una excusa, por esa comunión, esa hermandad cófrade gestada en el equipo, hecha de micros-carreta sin baño (pero con olor a baño), de entrenamientos a oscuras en el lodo, hombro con hombro, de lesiones y dolores, de miradas ajenas que cuestionan, de terceros tiempos con patis como fondo de la cumbia a todo volumen. Torneos casi no jugaban, pero sí pasearon, durante 2002, por todo el país junto a la decena de equipos que existían por entonces, en una especie de viaje de egresados que hizo que, en muchos rincones del país, a muchas muchachas sin un deporte que les satisfaciera el deseo de desafiarse les picara el bichito. Anduvieron por Mar del Plata, Tandil, Gualeguay, Santa Fe, Chaco, Tucumán. Hoy, todas esas localidades cuentan con su equipo de rugby femenino.

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Sin pateadoras formadas desde el semillero, el juego no se vuelve puro kick al fondo, fluye, se juega. Las chicas tacklean, “les encanta”, dice Venere, algo sorprendida y un tanto alejada del tumulto, resguardada por las espaldas anchas de las primeras líneas en su posición de wing. El resto no difiere de lo que ocurre entre los hombres: cuando tu compañero depende de que pongas el hombro, no hay lugar para arrugar. Las Amazonas van al frente.

Sin torneos, sin competencia estable, y sin apoyo ni reconocimiento de los organismos oficiales (la UAR tardaría 5 años más en crear un equipo nacional y una competencia oficial, en curiosa coincidencia con la decisión del Comité Olímpico Internacional de convertir al rugby en deporte olímpico), todo se vuelve a pulmón. Las muchachas crecen, se reciben, se casan, se van de la ciudad. El entusiasmo inicial se diluye ante los micros que hay que pagar continuamente, la falta de equipamiento para entrenar, el desamparo médico que sufren por su condición marginal, y, claro, las obligaciones de la vida. Las Amazonas, el primer equipo de rugby femenino que pisó suelos platenses, se esfuma en la misma penumbra brumosa en la que entrenaban a diario. Sin dejar más rastros que un legado que animó a animarse a toda una generación que buscaba su lugar en el mundo.



martes, 12 de noviembre de 2013

La Plata disputó su primer partido de XV

Cuerpo a cuerpo: las Canarias en el scrum ante Lanús

"Este año nos dimos todos los gustos", reconoció la fundadora y capitana canaria Magalí Fazzi, "La Negra". Fue un año, en efecto, redondita y repleta de epopeyas la primera temporada completa del equipo femenino de La Plata Rugby Club: el año arrancó con una dura pretemporada en las arenas de Mar del Plata, prosiguió con el campeonato ganado en el durísimo torneo de la URBA (junto a GEI) y la Copa de Bronce lograda en el Nacional realizado en Tucumán, y, como si fuera poco millaje para las muchachas apadrinadas por Pato Roan, al regreso del norte del país las esperaba un nuevo desafío: comenzar a entrenar para jugar en modalidad de 15 jugadores.

El rugby femenino se juega, a nivel UAR, en modalidad seven, porque, más allá de los prejuicios respecto al contacto que requiere el juego de 15, no se consiguen las jugadoras necesarias para participar. Pero La Plata, gracias al entusiasmo de sus jugadoras, al apoyo del club y al invaluable aporte de las redes sociales, consiguió este año formar un plantel relativamente estable de 30 jugadoras, al punto tal que presentaron dos (que podrían haber sido tres) equipos en el torneo URBA.

Con tal cantidad de jugadoras, resultó evidente el próximo paso: así que, tras un año de exigencia física al máximo, las Canarias todavía no vacacionan: se prepararon durante un mes para el juego de 15 y jugaron, este domingo, su primer amistoso en la modalidad.

El partido se jugó en el predio de La Plata ante Lanús, otro de los animadores de los torneos bonaerenses, y fue victoria para el elenco platense. El partido dejó buenas sensaciones para las Canarias: "En la cancha nos supimos ubicar bastante bien, los movimientos y el juego mismo cambia con más gente en la cancha, pero a mitad del primer tiempo terminamos ubicándonos bien para atacar y defender. Los lines salieron perfectos y los scrums también, los practicamos un montón, hasta movimos la máquina. Las jugadas de los backs salieron muy buenas y terminaron algunas en try", reflexionó siempre lúcida La Negra Fazzi, que aclaró que "falta pulir los movimientos en defensa más que nada, pero es algo que con los partidos va a ir mejorando".

En el horizonte para La Plata no hay vacacines: ya está confirmada una gira por el interior para seguir practicando en XV. El año que viene será entonces uno de nuevos desafíos para el conjunto canario.

La postal de la victoria